Durante los últimos años se convirtió en el niño símbolo de las comedias románticas made in Chile. Sus papel protagónico en la trilogía “Que pena…” y otras películas del director Nicolás López lo han llenado de fanáticas no sólo en nuestro país. Pero este 2013 ha sido un año especial: sin quererlo dejó a tras su look más inocentón y comenzó a trabajar su cuerpo. Bastaron un par de fotos en las redes sociales, para que muchas mujeres comenzaran a verlo con otros ojos. Dejó de ser el galán alternativo para transformarse en una especie de sex symbol y ser invitado recurrente distintos programas de televisión.

Hoy está en la décima región, a orillas del Lago Llanquihue, filmando su última cinta, la cual representa todo un desafío: dejará de lado sus dotes de galán alternativo y se sumergirá en un thriller donde interpretará un papel bastante más oscuro, que de seguro dará que hablar. Entre escena y escena decidió conversar con “Vida Banquete” y contarnos más detalles del gran momento que está viviendo.

Indagando un poco en tu historia me encontré con que cuando eras chico te expulsaron del Instituto Hebreo por ser un mal ejemplo para tus compañero ¿Es verdad o ya es una especie de mito sobre tu niñez?

O sea me tildaban de mala influencia, pero me echaron porque era hiperactivo, mal portado en clases, no ponía mucha atención y era el desordenado del curso. Me creían un mal ejemplo porque siempre fui muy rebelde, como ni ahí con las clases y prefería estar cantando, actuando o haciendo estupideces. Los profesores y los papás de mis compañeros sentían que yo podía distraerlos de sus estudios y de la vida “correcta”, como que los podía llevar por el mal camino.

Me imagino que eso te debe haber afectado un poco, porque cuando uno es chico no está preparado para esas cosas...

Sí. Te afecta, porque cuando uno es chico no hace las cosas pensando en ser malo. Uno se porta como le nace. Creo que es un problema de cómo funcionaban los colegios en esa época, donde tenías que estar sentado, callado y escuchando lo que decían tus profesores. Lamentablemente, con mi personalidad era bien difícil mantenerme así en una sala de clases.

Pero esa faceta inquieta y artística te ayudó para estudiar teatro después…

Si poh. Igual mi familia se esperaba que pudiera optar por una carrera así. Además, ellos estimulaban mucho mi faceta artística, sobre todo mi mamá. Siempre me llevaron a conciertos, al teatro, al cine. En mi casa habían muchos libros, instrumentos, disfraces. Siempre fui un niño muy estimulado y despierto en ese sentido, por eso después no les pareció raro que yo decidiera seguir esta carrera.

Las fotos que cambiaron todo

Este año pasaste de ser un actor conocido a ser casi un sex symbol, luego de publicar unas imágenes en las redes sociales…

En verdad todo pasó por unas fotos que subió Nicolás López. Lo que pasa es que tuve que empezar a entrenar mucho para una película que filmé el año pasado (The Green Inferno) y ahí como que me puse muy musculoso. Yo siempre he entrenado, pero nunca tan aplicado como ahora último. Obviamente, Nicolás López siempre me echaba la talla de que quería ser el Thor chileno, ser un héroe de películas de acción. Entonces una vez yo le mandé una foto medio desnudo para que viera como estaba y él, de una manera muy poco respetuosa, posteó en su instagram la imagen. Como estaba más tonificado que de costumbre, la foto causó mucho revuelo. Después de eso me invitaron a “Vértigo”, me mostraron la foto, me pidieron que me sacara la camisa y luego de eso se volvió casi un tema país (se ríe). Como que cambió de inmediato mi perfil público.

¿Qué te pasa a ti con ese cambio?

Me da mucha risa que importe tanto mi cambio físico. Porque igual mi personaje en las “Qué pena…” (la trilogía de comedias románticas que hizo con el director Nicolás López) le gustaba mucho a las chiquillas y lo encontraban como tierno. Pero ahora a cada programa que me invitan me terminan pidiendo que me saque la polera y yo nunca, ni siquiera cuando era un niñito más gordito, fui muy pudoroso. Así que no tengo problemas en mostrar la guata. Yo todo esto me lo tomo para la risa, no me siento como un Fabricio. Espero que de ahora en adelante no me llamen siempre para andar sacándome la polera.

Pero me imagino que este boom mediático te ha ayudado para hacerte aún más conocido…

Igual espero que este cambio físico no termine importando más que lo que hago como actor. Creo que eso sería algo muy superficial. Obvio que me ha servido para aparecer un poco los medios, pero quiero seguir haciendo revuelo por lo que hago en mis películas.

El adolescente que llegó al cine Nacional

El año 2004 fue el gran debut cinematográfico de Ariel. Ese año, se unió a Nicolás López para dar vida  a Roberto Rodríguez en “Promedio Rojo”, un escolar un tanto nerd que luchaba por el amor de la chica popular del colegio. El éxito fue inmediato e incluso el aclamado director norteamericano Quentin Tarantino calificó a la película como una de las más divertidas del año. Pero la cinta no sólo le dejó gratificaciones, sino también varios kilos de más, porque para protagonizar la película tuvo que subir bastante de peso.

Me mencionaste que antes eras un niñito más gordito. ¿Te refieres al tiempo en que hiciste “Promedio Rojo” o cuando eras más adolescente?

La verdad es que cuando era adolescente era medio gordito, pero eso nunca me trajo muchos problemas. No me hacían bullyng por gordo ni nada por el estilo, porque nunca fui muy acomplejado con el tema físico. Para mí no era un tema, ahora quizás sí, porque te dedicas al cuento más mediático y dices: Pucha los kilos, el peso, la tele, estoy gordo...

Pero cuando hiciste “Promedio Rojo” tuviste que subir mucho de peso. ¿Fue difícil ese tiempo?

No, porque para mí esa película entera fue como un juego. Yo nunca había trabajado en mi vida. Ni siquiera atendiendo mesas ni en trabajo de verano. Nada. Fue como mi primera pega, pero nunca tomé conciencia de que estaba trabajando. El equipo era muy joven: yo tenía 19 años y Nicolás López tenía 20.  Para mí era como un campamento de verano, porque la hicimos justo en enero y febrero. Ahora como que echo de menos esa sensación en las pegas nuevas que hago, porque te pones más serio y cuestionas mucho más las cosas. Es como que uno tiene la conciencia de que todo es más profesional y como que echo de menos esa frescura. Igual ahora tengo una experiencia que me hubiese gustado tener en ese entonces, pero esa inocencia a la hora de actuar la extraño hoy.

¿Qué pena tu vida?

A pesar de ser muy conocido y estar siempre rodeado de guapas actrices, lo cierto es que Ariel no se ha caracterizado por tener muchos romances mediáticos. En su historial amorosos no aparecen muchas relaciones amorosas, salvo las que tuvo con las actrices María José Avellos y Dayana Amigo. Hoy está completamente soltero, pero no por eso mal acompañado.

En términos amorosos no te hemos conocido muchas pololas ¿cómo ves la parte amorosa en tu vida?

Mira, la verdad es que tampoco lo paso mal, por decirlo de alguna forma. Este año ha sido de mucha pega y desde mi última pareja he estado tan concentrado en el trabajo, que ha habido pocos momentos del año en que me siento y digo: Pucha estoy solo, no tengo a nadie. Igual hay momentos, como todo el escándalo que viví esta semana (un altercado con la conductora de televisión, Julia Vial), en que me gustaría estar con alguien y hacer cucharita. Creo que viéndolo de una manera egoísta habría sido bakán estar con una mujer al lado. Pero también siento que si hubiera estado con una polola este año, la habría dejado sola en mucho momentos. Entonces tampoco es la idea buscar una polola sólo para tener un hombro para apoyarse y que uno esté al 50%. En el fondo, ya tendré un momento en que estaré más asentado, más tranquilo, con mis tiempos más tranquilos y ahí voy a poder tener una pareja más estable a la cual poder dedicarle mi tiempo y mi amor.

 

 

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