Si uno piensa en ella lo primero que recuerda es a una mujer alegre divirtiéndose en la cocina de un estudio de televisión. Es que para la chef Virginia de María, la comida es mucho más que una entretención: es un reflejo de lo apasionada que es con su propia vida. Una mujer que no tuvo miedo en perseguir durante un año al hombre de su vida, que decidió enfrentar la culpa que le generaba no poder estar siempre con sus tres pequeños hijos y que por sobre todo lucha por seguir manteniendo su individualidad. Hoy en “Vidas a la Carta” te presentamos a esta mujer que es mucho más que una carismática chef.

¿Cómo nace la pasión por la cocina en tu vida?

Mira me imagino que a mí me debe haber gustado comer mucho desde pequeña, porque las fotos lo evidencian: era una guatoncita. Pero mi primer recuerdo, así como de entusiasmo por la cocina, es de los cuatro años y medio. En ese entonces mi hermana tenía siete años y me enseñó a hacer huevos revueltos. Y es precisamente eso lo que yo trato de inculcarle a mis hijos: que se involucren en todos los procesos de la cocina. Me acuerdo que esa vez mi hermana me dejó romper el huevo, ver lo que había adentro, cómo se transformaba en el sartén, cómo le podía dar más sabor agregándole sal y me dejó revolverlo. Eso de inmediato me entusiasmó y desde ahí nunca más paré de cocinar. Después cada vez que invitaba a una amiguita a la casa el gran panorama era esperar que la Hilda, mi nana de toda la vida y una de mis mayores influencias en la cocina, nos diera permiso para poder hacer cosas en la cocina.

Pero cuando tuviste que decidir qué estudiar optaste por arte…

Lo que pasa es que desde muy chica el arte y la cocina han sido las dos áreas en las que me he sentido más cómoda y me he destacado. Los primeros recuerdos que tengo siendo habilosa en algo fue con el tema del talento manual. Yo veo las libretitas que tenía en el colegio y las parvularias siempre escribían que yo me destacaba en las artes manuales, la pintura y todo eso. La cocina yo siempre la vi como un pasatiempo para relajarme, pero mi fuerte siempre fue el arte y por eso fue mi prioridad cuando tuve que escoger una carrera.

¿En qué momento se transformó la cocina en tu primera opción?

Estuve estudiando dos años arte y lo disfruté mucho, pero la cosa se fue para un lado en el que yo no me sentía muy cómoda. Lo que pasa es que tocó una época en el que el arte era una cosa súper conceptualista, donde valía más el discurso que la obra. Entonces yo pasaba horas pintando, pero llegaba un compañero con un papel confort y una manzana y le iba increíble porque se mandaba un discurso enorme sobre el contraste de su trabajo. En ese contexto yo no me sentí muy cómoda y decidí escuchar a mi corazón. Finalmente un día jueves decidí que no quería seguir estudiando eso y el lunes siguiente ya estaba matriculada estudiando cocina. Fue muy rápido todo el proceso en el que me enamoré absolutamente de la cocina, me di cuenta que era lo que quería hacer para el resto de mi vida y después en mi última práctica profesional apareció Claudia Conserva y me llevó para la tele.

Una cosa que sorprende del mundo de la alta cocina, es que uno siempre asocia esta área con mujeres, pero finalmente los chefs más reconocidos son generalmente hombres ¿Por qué crees que ocurre esto?

Mira creo que ahí hay dos cosas que confluyen. Primero, cada vez que a mí me preguntan ¿Quién es el mejor cocinero que conoces? lo primero que respondo es mi nana la Hilda. Creo que si le preguntas a los chefs más reconocidos la misma pregunta, lo más probable es que evoquen a una mujer, porque la cocina parte desde la casa y las que no alimentan día a día son nuestras madres o nuestras nanas. Pero lo segundo, es que cuando llega el camino de profesionalizar la cocina, el que la elige como profesión suele ser un hombre, porque es una carrera súper sacrificada en el método de trabajo y  en los horarios. Es muy pesado. Es un trabajo que se hace todo el tiempo de pie, por ejemplo. El trabajar en un restaurante no es una pega muy compatible con el ser mamá, con la crianza y la familia. A mí me pasó que cuando entré a trabajar en buenos lugares, no tenía tanta credibilidad en la cocina, menos siendo rubia. Era como hay esta cuiquita que se las da de chef. Esa pega más dura la han sabido llevar mejor los hombres, pero creo que ahora las cosas están más equiparadas y hay varias mujeres que se destacan mucho.

¿Es verdad que tú te ibas a ir de viaje al extranjero para hacer tu práctica pero decidiste quedarte en Chile para conquistar al hombre que ahora es tu marido?

Así es pues. Lo que pasa es que yo siempre fui muy polola en mi vida, pero nunca estuve convencida de haber encontrado al hombre de mi vida hasta que conocí a mi marido. Lo terrible es que él al principio no me pescaba para nada y yo lo perseguí durante un año, donde yo me acercaba y le pedía que me invitara a salir. Nos conocíamos, pero él nunca me había mirado con otros ojos. Estuve mucho tiempo luchando porque este hombre me considerara, hasta que en un minuto me invitó a salir y de ahí nunca más nos separamos. Yo a los dos meses de pololea tenía claro que él era la persona que yo quería para el resto de mi vida. Por esa intensidad que tengo, decidí no irme a hacer mi práctica al restaurante “Astrid y Gastón” en Perú (considerado uno de los mejores del mundo). Es que no podía hacerlo: eran tres meses enanos, que cualquier pareja joven sería capaz de soportar, pero yo no fui capaz de sacarme de la cabeza que durante ese tiempo él podía dejar de amarme. Ahí me conseguí la práctica en uno de los mejores lugares de Santiago y me quedé. Y me casé (se ríe). ¡Lo logré!

¿Y esa pasión también te llevó a optar más por tu familia que por tu carrea profesional?

Absolutamente. Lo que pasa es que soy muy culposa y recuerdo que una vez se lo comenté a la Claudia Conserva. Le dije: cuando tengo jornadas de trabajo muy largas, me siento muy culpable por no estar con mis hijos. Ella me respondió algo muy simple: Lo raro sería que no lo sintieras. Por eso decidí ordenar mis cosas y lograr compatibilizar mi trabajo con la casa. Por ejemplo, una de las cosas que hago es tener algunas semanas más relajadas para poder estar más tiempo con mis niños y después unos días muy intensos de trabajo, que es la realidad de la mayoría de las mamás en Chile. Así logro tranquilizarme a mí como mamá y puedo entregarles lo mejor a mis hijos. Yo soy una convencida de que la calidad es mejor que la cantidad.

Me imagino que toda tu vida cambió con la llegada de tus tres hijos…

Absolutamente. Creo que en la vida de una mujer siempre va existir un antes y un después cuando se convierte en madre. Pero yo respeto mucho a aquellas mujeres que optan por no tener hijos. Mi opción fue distinta, porque fue algo que yo siempre quise y lo disfruto mucho. Tengo una dinámica con mi marido que es súper sana: nosotros una o dos veces al año viajamos solos, sin los niños, para disfrutar un tiempo como pareja. Tengo súper asumido que uno va a tener a sus hijos, que vas a entregarle las mejores enseñanzas y todo el cariño del mundo, pero va a llegar el minuto en que ellos van a tener que elegir su propia vida y ser ellos mismos. Es ahí cuando uno va a volver a estar sola, ojalá con la persona que uno eligió para el resto de su vida, pero para poder enfrentar ese momento yo no puedo haber vivido toda mi vida a través de mis hijos. Procuro que ellos no se transformen en mi único motivo de vida. Por eso me gusta mucho trabajar y tener la oportunidad de desarrollarme en otras áreas de mi vida. No me quiero olvidar de cómo soy yo y creo que eso es muy sano. Creo que en la medida que las mujeres lo puedan hacer, les aconsejo que lo hagan.

Entonces ahora entiendo por qué siempre he percibido que eres una mujer que se preocupa mucho por su look, es parte de ser tú misma….

Hay sí, que atroz. A veces siento que es superficial, pero me importa ene. No tengo ninguna intensión en esconderlo, porque creo que si trabajo tanto no hay razón para no darme el gusto de comprarme mis pilchas. Yo siempre he sido súper femenina, entonces me entretiene mucho andar viendo revistas de moda o aprendiendo sobre nuevas tendencias. Me gusta sentirme distinta. Creo que mi look es como hippie rockera (se ríe).

Y pensando en tu amor por la cocina ¿Cuál es tu banquete preferido?

Sin duda el desayuno. Siento que es una instancia en la que se permite comer dulce y salado al mismo tiempo. Lo que más me gusta es la tendencia del brunch. Ese desayuno-almuerzo al medio día a mí me fascina, porque además te podí hasta tomar algo. Ahí si está todo permitido, hasta la copita de champagne.

 

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