Por Diego Andrade

Si hay algo que ha marcado la vida de Lucía López son sus ansias por conocer nuevos horizontes. Hoy la vemos como flamante conductora de “Alfombra Roja” de Canal 13, pero su vida podría ser digna de una de las tantas notas que muestra en su programa. Una niñez marcada por la estricta educación de sus padres, una adolescencia tardía y un cierto temor al compromiso son solo parte de su historia, que comenzó en 1973 en la ciudad de Concepción. Una eterna seguidilla de decisiones que ella tomó y de las cuales se siente orgullosa, aunque  a los ojos de muchos hayan sido demasiado impulsivas.

¿Cómo eras en el colegio?

Mira yo pasé como por varias etapas. Al principio de mi vida fui ultra nerd, que en el fondo del alma creo que aún lo soy, pero como ahora ser medio nerd es cool, como que logro disimularlo bastante bien. Como mi mamá era muy estricta reforzaba esa idea conmigo: me hacía ocupar el uniforme hasta la pantorrilla, las calcetas hasta bien arriba, unos peinados bien apretados… cero taquilla. De hecho, mis padres me metieron adelantada a un colegio de monjas, porque yo creo que mi mamá estaba un poco chata de tenerme en la casa (se ríe). Al final terminé saliendo como a los 16 años del colegio. En un comienzo era el candor del colegio de monjas y no entendía como estas niñas de cuarto básico ya estaban pololeando. Yo era de las que cantaba en el coro, actuaba en los actos del colegio, era la mejor del curso, hacía deporte. Era como la niña símbolo. De hecho, hubo un período en el que yo quise ser monja. En una de las épocas freaks de mi vida, yo hacía misas en mi casa: me ponía una cosa en la cabeza y un rosario colgando y hacía misas en las noches. Era bien pava (se ríe).

Pero según tengo entendido después vino un cambio importante en tu vida…

Después de toda esa etapa, mi papá decidió cambiar un poco las cosas y me metieron a un colegio mixto en primero medio. Y de repente como que me empezó el despertar de las hormonas, yo creo, y toda la adolescencia tardía comenzó a florecer. Me transformé en una rebelde de un año para otro. Yo creo que todo ese cambio tuvo que ver con una rebeldía frente a como me había criado mi mamá. Si me hubieran dejado más espacios cuando chica, a lo mejor no habría cambiado tanto.  Yo creo que me pasé un poco de la raya en esa búsqueda de libertad: a pesar de que yo era más chica que mis compañeras de colegio, fui la primera en hacerlo todo y probar de todo. Todo lo que tú te puedes imaginar que se puede hacer en la adolescencia, yo lo hice. Me transformé en una alternativa total y eso, en algún momento, se convirtió en algo muy taquilla. Me pelee mucho con mis viejos, yo creo que fue un tiempo bien duro para ellos. Esa eterna búsqueda de cosas nuevas ha marcado me vida. Además, si a eso le sumamos que yo no adhiero a ningún tipo de dogma, da la sensación de que soy una persona súper liberal, pero no es tan así. Yo me definiría como una libre pensadora. Me considero súper exigente moral e intelectualmente, no acepto cualquier cosa.

¿Y en qué cosas aflora tu lado más conservador?

Más que nada tiene que ver con valores humanos fundamentales. A mí me importa más el fondo que la forma de las cosas. Por eso las religiones como que no van conmigo. Creo que eso finalmente me convierte en una persona muy poco tradicional. Pero, en el fondo, sigo siendo la misma nerd.

 

La rebelde que llegó a conquistar Santiago

A los 18 años Lucía tomó una gran decisión: no entraría a estudiar a una universidad tradicional, como tanto quería su padre Kinesiólogo. No. Ella quería estar en la universidad donde todos sus amigos “taquilla” estarían. Por eso ingresó a estudiar Periodismo en la Universidad del Desarrollo de Concepción.

Pero no todo era “Living la Vida Loca”. Dia a día alternaba sus eternos carretes con marchas de apoyo al “No”. Porque a pesar de vivir en un mundo lleno de “gente de derecha”, ella era una de las pocas que leía libros como “Los Zarpazos del Puma” de Patricia Verdugo, la periodista que ha sido su ejemplo de profesionalismo.

Su alma aventurera la llevó a trabajar como corresponsal para la radio Rock & Pop y fue parte del movimiento musical que cambió la historia de la música penquista. Hasta que en la radio le ofrecieron trabajo estable en Santiago. Llegaba el momento de la completa independencia.

¿Y cómo fue cuando al fin llegaste a vivir a Santiago?

Ahí se me abrió mucho más el mundo. Los primeros cinco años de independencia fueron increíbes. Además, yo trabajaba todos los días llendo a lanzamientos de discos y a tocatas. Mi vida estaba muy revuelta. Me sentía sin cadenas.

Ahí comenzaste tu carrera como gestora cultural…

Sí. En la radio trabajé en dos programas donde se presentaban nuevas bandas. Después de cinco años decidí dejar mi pega y ahí comenzaron a llamarme muchas bandas para que trabajara con ellos. Durante casi dos años estuve haciendo las comunicaciones de la productira de Joe Vasconcellos, trabajé con la productora Macondo, fui manager en una gira de “La Pozze Latina” y muchas cosas más. Lo que pasa es que en ese momento monté mi propia PYME como gestora cultural, luego de especializarme en eso durante un año en la Universidad de Chile. Trabajé hasta en teatro con la Carmen Romero en “Teatro a Mil” y también con Andrés Pérez en su último período.

En ese intertanto quedaste embarazada…

Sí, fue el año 2001, cuando estaba emparejada con un periodista crítico de música. Ahí llegó a mi vida Martín. 

¿Es verdad que unos años después terminaste tu realción y te fusite a vivir a una casa con tres hombres solteros?

A ver vamos por parte. Después de terminar con el papá de Martín me fui a vivir sola. Y en ese tiempo me vino una pequeña crisis. No solamente estaba sola con mi hijo, sino que además trabaja como independiente y todos los meses estaba en un proyecto distinto.  Me empezó a venir un cansancio extremo y empecé a estresarme mucho. Me empecé a preguntar ¿Qué pasa si el próximo mes no tengo proyecto? Todo era producto de mi mal entendida independencia, de no querer perdir ayuda y tratar de salir de todo sola. Fue ahí cuando me vino la única crisis de angustia que he tenido en mi vida y finalmente entendí que estaba toda mi familia para apoyarme. Me recuperé y decidí que no podía seguir viviendo sola y que necesitaba compartir todo lo que me pasaba día a día. Dije: Necesito vivir con gente buena para conversar. Ahí hablé con una amiga que siempre me acompaña en todas las malas decisiones y me dijo: Obvio que tienes que hacerlo, yo conozco a un tipo que se está separando y que está armando una casa con otro compañero de colegio, les voy a decir que te llamen. Me llamaron y terminamos armando esta casa donde vivían tres hombres, mi hijo y yo. Cuando llamé a mi papá y le conté casi se murió. Pero valió la pena, porque fue uno de los años más lindos que he tenido en mi vida. Ellos tres eran muy amorosos, nos juntábamos todas las noches a comer juntos, conversábamos muchos. Lo mejor de todo es que ellos querían mucho a Martín y lo apoyaron mucho.

Fue en ese momento en que conociste a tu actual pareja, otro periodista, que finalmente logró sacarte de esa casa llena de hombres…

Ese también fue un proyecto bien alocado. Lo conocí cuando entré a trabajar en la tele. Comenzamos a salir, pero yo no quería ponerme a pololear con él…

Por que más encima era tu jefe en “S.Q.P”…

Sí, era mi editor periodístico. Me costó mucho aceptar su propuesta. De hecho, el me pidió el primer beso por teléfono.

¿Cómo se pide el primer beso por teléfono?

Lo que pasa es que no hay mejor manera de conquistarme que hablando mucho. Yo soy anti galán. El que me conquista es el conversador, ése que disimuladamente se va acercando. Entonces como era tanta mi repelencia a los piropos, él no encontró nada mejor que preguntarme en medio de una con versación telefónica si yo alguna vez le daría un beso. Yo le dije: No y si tu quieres no salimos más. El me dijo que no y me engrupió otro mes más, hasta que cedí. Nosotros dormimos juntos una vez y nunca más dormimos separados.

Fue un amor muy rápido…

Sí, y al mes Mauricio me pidó que nos fuéramos a vivir juntos. Yo obviamente le dije que no, que era mejor que esperáramos un tiempo. Hasta que un un día subí el Cerro San Cristóbal y cuando venía de vuelta sentí que mi cuerpo y mi alma me decían que tenía que tener otro hijo. Ahí fui denuevo donde esta amiga que me apoya en las decisiones terribles y me dijo: Obvio, tienes que tener un hijo todo el rato. Cuento corto fui donde Mauricio y le dije que no quería que vivieramos juntos, pero sí que tuviéramos un hijo.  Él aceptó, pero su condición era que quería ser parte de todo el proceso. Como soy una pésima negociadora terminamos viviendo juntos y a los dos meses quedé embarazada de mi segunda hija. Desde entonces ya han pasado siete años y ahora somos los tuyos, los míos y los nuestros.

¿Oye y tu pareja te ha preguntado si te quieres casar?

Obvio, si ya me pidió matrimonio el año pasado. Debo reconocer que no es relevante el tema para nosotros. Lo que pasa es que el año pasado yo hinché bastante con que quería tener un anillo de compromiso. Finalmente me pidió matrimonio, me regaló un anillo y me dijo que le pusiéramos fecha al cuento. Y yo le dije: No, si yo quería solo el anillo (se ríe). Y lo más terrible es que ahora quiero la fiesta, pero no me quiero casar. No sé, yo creo que el 2014 es un muy buen año para hacerlo. Me gusta el número 14 para las parejas. Pero yo soy muy poco predecible, muy poco organizada y nunca sé las sorpresas que me va a traer la vida.