Por Diego Andrade

Este 2014 ha sido una prueba de fuego para Polo Ramírez, porque por primera vez ha tenido que enfrentar el desafío de animar un matinal, luego de que Martín Cárcamo, el titular de “Bienvenidos” decidiera tomarse unas merecidas vacaciones. Porque aunque goza de una popularidad tremenda, lo cierto es que para Polo todo esto de ser “un rostro” es algo totalmente nuevo. Algo que llegó cuando tenía 42 años y ya llevaba muchos trabajando como periodista y crítico de televisión. 

Porque la vida de este hombre, deseado por muchas, ha cambiado radicalmente. Pero a pesar de la popularidad, parece no haberse mareado con el brillo de las luces. Sigue completamente enamorado de Loreto Riveros, su señora por más de 25 años. Un hombre “quitadito de bulla” que hoy se ha convertido en uno de los rostros más querido por las chilenas.

 

Esta semana ha sido un poco distinta, porque finalmente te convertiste en el animador de “Bienvenidos”…

Hay que tener claro que el buque es bien grande y uno sólo es uno de los marineros. Es un desafío muy grande para mí, porque yo soy animador, soy periodista y conductor de noticias. Para animar un programa de entretención se necesitan otros talentos muy distintos. He hecho el mejor esfuerzo, para estar a la altura del programa y adaptándome a los otros contenidos del matinal. Aquí todo tiene que ir empapado de emoción, así que el compromiso personal tiene que ser mucho mayor al que puedo tener cuando estoy presentando noticias. Lo que esperamos es que el público no sólo piense, sino que también se emocione con lo que están viendo.

¿Te imaginabas hace 14 años, cuando eras crítico de televisión de “El Mercurio”, que finalmente terminarías siendo rostro del medio que muchas veces criticaste?

Este ha sido un cambio no sólo dramático, sino totalmente inimaginado. Hace 10 años, incluso, no me imaginaba estar en pantalla. Yo tengo una carrera de veinte y tantos años, donde estuve en “El Mercurio”, en la Universidad Católica, acá en el canal como ejecutivo, pero sólo hace cinco años estoy en pantalla, lo cual es muy raro para todo lo que venía haciendo en mi vida. Yo agradezco el atrevimiento del canal y mío de ponerme en pantalla. A lo mejor podría haberme imaginado leyendo noticias, pero animando un matinal nunca.  

Desde tu llegada a la televisión hace casi cinco años tu vida ha cambiado mucho ¿ha sido muy rudo este proceso?

Ha sido muy fuerte, porque el tema de ser reconocido y que la gente se te acerque a la calle es algo a lo cual yo no estaba acostumbrado. Además, por carácter no soy muy centro de mesa. Yo siempre he dicho que juego para el equipo, estoy en el lugar dónde me necesiten. No soy una persona que ande llamando la atención del resto, por eso toda esta exposición ha sido una consecuencia inesperada e inevitable de lo que ha pasado conmigo en el matinal. Yo siento que la gente me ha tomado mucho cariño, porque suelen expresármelo con mucha generosidad y eso lo agradezco enormemente. Pero debo reconocer que, a veces, se vuelve un poco más pesado, especialmente cuando quieres estar un poco más tranquilo sin entrar en conversación con nadie. Yo creo que la mayor consecuencia de todo esto se la ha llevado mi familia, porque han perdido su anonimato.

¿Es incómodo para ellos que la gente se te acerque mucho?

Lo que pasa es que la gente que se  acerca suele ser muy buena onda, pero a veces algunos son un poco impertinentes y te terminan pasando el teléfono para que uno salude a alguien. Definitivamente, eso es algo que a mí me gustaría evitarlo (se ríe), pero cuesta mucho decir que no, porque uno no quiere ser pesado con la gente que se acerca.  Lo que me desconcierta un poco son esas cosas que ocurren y que están muy fuera de contexto. Como esas ocasiones en que uno está comiendo con su señora en un restaurante, conversando cosas bien personales y no quieres que otros escuchen o se acerquen para interrumpir la comida. Así que definitivamente ese tipo de conversaciones las tenemos solos en la terraza del departamento (se ríe).

Y hay otra cosa que agregar al fenómeno que se ha generado a tu alrededor, porque no sólo la gente te estima, sino que muchas mujeres te encuentran un verdadero sex symbol ¿Ha sido tema con tu señora?

Yo creo que eso ella lo aceptó rápidamente, porque no es para nada celosa. Eso ayuda mucho, especialmente cuando hay amigas o cercanos que le dicen: Yo no sé cómo puedes aguantar todo eso, yo no sería capaz de soportarlo. Esa frase es lapidaria, ojalá a nadie se la dijeran, porque además yo no ando por la vida posando de sexy ni nada por el estilo. Yo soy como soy. Creo que la tele embellece mucho, porque te agrega elementos de la propia imaginación y deseo de las personas. Uno no es como aparece en la tele. Uno es bastante más penca (se ríe). Yo he aceptado los piropos de la gente con mucho cariño.

Pero ¿en verdad tu señora se toma tan relajada el tema?

Sí, ella es muy relajada. De hecho, hay muchas ocasiones en donde ella termina sacándome las fotos con las mujeres que se acercan.

Toda esa confianza, me imagino, también nace de los más de 25 años que llevas casado, algo muy inusual en el medio televisivo…

Es poco normal en Chile y en todo el mundo, a estas alturas. La verdad uno decide todos los días seguir juntos por amor y porque esa relación a uno lo hace feliz. Pese a las dificultades que hemos tenido, porque nuestro matrimonio comenzó en un período de mucha escasez económica para nosotros y fue así durante un buen tiempo. Pero fruto del esfuerzo de nosotros la situación ha cambiado bastante. Tenemos cuatro hijos y, a veces, la gente cree erróneamente que los hijos unen, pero eso no es tan así, porque muchas veces son pruebas, desde el punto de vista de la relación de pareja. Yo te diría que ahora nuestra relación se ha visto especialmente tensionada, un poco por el tema de la exposición. Lo que pasa es que a mí me ha costado mucho darme cuenta del impacto que en mi familia y en mi mujer tiene todo esto. Soy lento para aprender, pero lo he ido aprendiendo y creo que ya estamos en un mejor pie.

¿Te das tiempo para estar con tu familia?

Los momentos de familia son en la casa, cuando llego, a la hora de comida. Siempre tenemos un espacio para estar juntos, como pareja y familia. Lo que pasa es que muchas veces el cansancio te termina pasando la cuenta. De repente,  uno abusa un poco del cariño y paciencia de su familia y los terminas dejando para el último. Esa es una deuda que yo siento y trato de saldarla constantemente, pero como la deuda es bien profunda, me falta mucho todavía. Lo que pasa es que el trabajo que uno hace es muy agotador, de repente la gente cree que es sólo un par de horas en pantalla, pero hay muchas horas de trabajo detrás de eso. La presión de ser el rostro del trabajo de muchas personas es muy grande, pero yo me imagino que con el tiempo uno aprende a lidiar con eso.

Me da la sensación de que eres muy exigente contigo mismo…

Muy exigente, soy mucho más duro para juzgarme. Pero creo que son cosas muy enraizadas en mi personalidad y es muy difícil poder cambiarlas, sobre todo a estas alturas. Ya me asumí así: soy inconformista conmigo mismo. 

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